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Malo eres, no se daña a quien se quiere

Psicólogos Avilés. La maldad

Es habitual que a los psicólogos, pacientes y allegados nos planteen dudas muy interesantes.

Es el caso que me sucedió hace un par de meses. Una persona me preguntó si existía la maldad, me quedé pensándolo e intentado elaborar una teoría que tuviese sentido, basándola en mis conocimientos, formación y experiencia.

A raíz de esto, ha habido más gente que me lo ha preguntado. Quizás, me he hecho más consciente de que es algo que a las personas les interesa, que quieren saber. Hoy, por fin, me decido a hablar de ello. Repito, es una teoría basada en lo que yo conozco y he visto. Por supuesto ¿Quién sabría, ciertamente, si existe la maldad?

Psicólogos Avilés

Me imaginé una película, una en la que sólo hubiera buenos, personas buenas realizando actos buenos, y pensé ¿alguien pagaría para ir al cine a verla? Desde luego, el argumento no sería muy interesante, los pocos que fueran a verla, probablemente, se aburrirían y marcharían del cine. Tampoco se podría desprender ningún aprendizaje de la película, no nos aportaría nada, saldríamos de la sala sin sustancia, vacíos. ¿Volveríamos a ver la película? Obviamente, ¡no!

Bien, ahora cambiemos “película” por “vida”. Imagínate una vida en la que todo el mundo fuera bueno, hiciese el bien y te tratasen de la mejor forma. Genial, ¿verdad? Un poco utópico, pero da igual. Ahora viene lo importante, ¿aprenderías algo? ¿La experiencia de vivir te serviría para mejorar, para tener poso, para ser más interesante? Diría que estás pensando que no.

Siempre he pensando que venimos a esta vida a enseñar y aprender, no podemos enseñar, si no hemos aprendido antes,  no podemos aprender si alguien no nos ha enseñado. Y, paradójicamente, aquí es donde entra la maldad. Pienso que hay personas malas, malas de verdad, que dañan a quien quieren, o que quizás, nunca aprendieron a querer. Personas malas haciendo cosas malas que… mágicamente, ¡nos enseñan! Nos enseñan a no ser como ellos, nos enseñan a ser más fuertes, a confiar más en nosotros mismos, también a buscar soluciones en vez de problemas. Nos hacen más introspectivos (pensar en lo que pensamos) más espirituales y, en consecuencia, más bondadosos. Y de repente, nos damos cuenta de todas las personas y cosas buenas que nos rodean, aprendemos a valorarlas. Precisamente mi web comienza con esa frase “Solo las personas que cargan su propia agua, conocen el valor de cada gota derramada”

Sabiendo esto, y de forma muy simplista, podemos dividir al mundo en dos grupos:

Los malos, personas malas haciendo cosas malas, que han venido a este mundo a cumplir un papel “el malo de la película”. Ahora es cuando me preguntas ¿pero esas personas saben que son malas? Pues no, no lo saben, porque si lo supieran, no podrían vivir con ello. Siempre parecen tener una excusa para sus actos malvados: “se lo merecía” y darán la vuelta a la tortilla para verse como buenos. Pienso que, realmente, es deseable y muy loable, sentir pena o compasión por ellos, Ciertamente, están gritando: “mírame,  ¡no soy insignificante!” Ya que no pueden conseguir el refuerzo o la atención positiva de los demás, buscan el negativo. “¡Estoy aquí, préstame atención, valgo!”

Segundo grupo: los buenos, personas buenas haciendo cosas buenas y alguna mala (nadie es perfecto) Personas que buscan aprender, para luego enseñar. Gente que se equivoca pero que intenta mejorar. Su motivación es ser feliz, sin hacer daño a nadie. Reconocen sus errores e intentan sacar algo positivo de ellos.

En conclusión, me imagino un modelo de mundo en el cual cada uno tiene asignado un papel, como si todo fuera una función de teatro, algunos tienen suerte y les ha tocado un personaje mejor y otros peor, pero todos cumplen un papel. Así la película tiene sentido.

Psicólogos Avilés. La maldad.

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